El trabajo conjunto de la microbiota y el sistema inmune

En este blog ya hablamos de cómo se desarrolla la microbiota a lo largo de la vida y cómo se relaciona esto con el sistema inmunitario y el consumo de kéfir.
Como ya sabemos, nuestro intestino alberga una comunidad compleja de microorganismos, conocida como microbiota intestinal. Estos microbios, que incluyen bacterias, virus y hongos, no solo residen en nuestros intestinos, sino que desempeñan un papel esencial en nuestras vidas. Son como inquilinos que contribuyen al funcionamiento óptimo de nuestro sistema digestivo y más allá.
Gracias a los estudios más novedosos en el tema, hoy sabemos que la microbiota cumple un importante papel tanto en el sistema inmunitario innato como en el adaptativo y hoy vamos a contarte un poco más de qué se trata esto…

Microbiota y defensas: una danza invisible

La última década ha sido testigo de un notable progreso en la comprensión de nuestra microbiota intestinal y su impacto en el desarrollo y función del sistema inmunitario. Entendimos que en el interior de nuestro cuerpo se desarrolla una danza invisible y vital entre nuestra microbiota y el sistema inmunológico, sistemas aparentemente distintos pero profundamente interconectados, de forma tal que la relación entre estos dos actores tiene un impacto profundo en nuestra salud.
Nuestra microbiota intestinal se encarga, por ejemplo, de conformar las barreras biológicas que impiden la implantación de agentes patógenos u oportunistas en el colon, de modo que las mismas no pueden competir por los nutrientes que se alojan allí. La microbiota es también esencial para el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmune adaptativo. Esto último, se ha demostrado en ciertos estudios en los cuales se han criado mamíferos en condiciones de asepsia estricta y, luego, se les ha administrado una microbiota convencional. Se ha visto que los mismos no pudieron desarrollar un sistema inmune maduro hasta la implantación de la microbiota. Lo que nos muestra la estrecha relación entre una microbiota sana y un sistema inmune desarrollado.

La alimentación influye en la microbiota y, por lo tanto, también en la inmunidad

Hoy en día sabemos que los alimentos que poseen una acción beneficiosa sobre la microbiota son, por un lado, los prebióticos, que favorecen el desarrollo de las bacterias comensales en nuestro intestino y, por el otro, los probióticos, que aportan directamente nuevos microorganismos a la microbiota intestinal.
Los prebióticos nos ayudarán, también, a producir ácidos grasos de cadena corta (butirato, propionato y acetato) contribuyendo a evitar el crecimiento de bacterias negativas patógenas como E. coli, Clostridium, Listeria, Shigella, Salmonella, etc.; así como favorecer la producción de vitaminas (K, D, B12, biotina, ácido fólico y pantoténico) y absorción de minerales (hierro, magnesio y calcio).
Los probióticos, por su parte, actúan en el tracto intestinal evitando la proliferación de bacterias patógenas y oportunistas, produciendo sustancias antimicrobianas y, con los productos derivados de su metabolismo, favoreciendo las barreras intestinales y modulando la inmunidad. En el caso del Kéfir de Loto, este cuenta con 8 cepas de bacterias probióticas que tienen el potencial de disminuir la inflamación y fortalecer el sistema inmune.

Profundicemos un poco en cómo funciona:

La microbiota es esencial para el correcto funcionamiento y desarrollo del sistema inmune, tanto por formar parte de él directamente como por regular otros procesos inmunes a través de compuestos generados en su metabolismo.
Va a impedir la implantación de bacterias patógenas u oportunistas por competición por los recursos, secreción de sustancias antimicrobianas y acidificación del pH. La fermentación de compuestos prebióticos va a producir ácidos grasos de cadena corta que se ha visto que tienen una función moduladora sobre el epitelio intestinal, así como un efecto antiinflamatorio.
Además, los productos que genera la microbiota intestinal, en particular los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), son esenciales para mantener la homeostasis intestinal (la salud del intestino) e inmunológica. La fibra dietética es fermentada por la microbiota en el colon, donde se producen grandes cantidades de AGCC, como acetato, propionato y butirato.
La barrera más importante para la entrada bacteriana de los tejidos más profundos es el epitelio intestinal. Las células epiteliales intestinales absorben una amplia gama de nutrientes, incluidas proteínas, carbohidratos y grasas, pero excluyendo bacterias. Lograr el equilibrio correcto entre la absorción de nutrientes y la exclusión microbiana es fundamental para una salud óptima y la desviación de este equilibrio es perjudicial para el huésped.

Teniendo esto en cuenta, podemos entender que una buena alimentación es una de las claves para tener un sistema inmune fortalecido y sano, ya que comer fibra y probióticos va a mejorar el estado de la microbiota, en tanto esta fibra (especialmente la fibra prebiótica) resulta ser el alimento adecuado para que estos microorganismos proliferen y generen estas sustancias tan importantes para el fortalecimiento del sistema inmune y, como consecuencia, van a aumentar nuestras defensas.





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