Microbiota: una aliada indispensable para la salud del corazón

Seguramente podremos estar de acuerdo en que llevar un estilo de vida saludable y regular nuestra dieta es lo más apropiado que podemos hacer para prevenir las enfermedades cardiovasculares (ECV). Sin embargo, a lo largo de los últimos años han variado los alimentos que consideramos perjudiciales y los que consideramos provechosos a este respecto. Hay alimentos que han superado todas las pruebas: como las frutas, las verduras y los cereales integrales, siendo otros alimentos un tema más controversial.
Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte a nivel mundial. Por lo cual, nos decidimos a abordar un poco más este tema, ya que la OMS también nos dice que la mayor parte de estas enfermedades “pueden prevenirse actuando sobre factores de riesgo comportamentales como el consumo de tabaco, las dietas malsanas y la obesidad, la inactividad física o el consumo nocivo de alcohol”.
Vemos, entonces, que son enfermedades en las cuales, en gran medida, podemos hacer cambios efectivos en nuestra vida para prevenirlas. Por ejemplo, los investigadores han llegado a la conclusión de que las dietas ricas en fibra se asocian de manera significativa a un menor riesgo de ACV, enfermedades cardiovasculares y coronarias. Esta asociación refuerza lo indicado en las más actualizadas guías alimentarias que recomiendan un aumento del consumo de fibra. El estudio más amplio sobre este tema indica que debemos recordar esta idea: “cuanto mayor es el consumo de fibra, mayor es la protección”.

La dieta mediterránea y la prevención

Hay un gran consenso en los estudios recientes en que la dieta mediterránea es el mejor modelo nutricional conocido. De hecho, un estudio de PREDIMED ha puesto de manifiesto, con una amplia evidencia científica, que la dieta mediterránea es saludable para el corazón.
Sus beneficios parten principalmente de la incorporación de micro y macro nutrientes y del estilo de vida que promueve, ya que siempre se la acompaña de ejercicio físico. Parece ser que el consumo de fibra no solo se encuentra relacionado con un estilo de vida saludable, sino que lo determina el consumo de diversos productos en específico como, por ejemplo, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales que de por sí fomentan la salud, debido en parte a su contenido de fibra y, en parte, a otros compuestos presentes en ellos.

¿Qué tan importantes son las frutas y verduras?

Con respecto a las frutas y verduras, las nuevas investigaciones han agregado datos interesantes. Por años se han considerado a las frutas y a las verduras buenas para la salud y esto se debe a la asociación entre ellas y la reducción del riesgo de sufrir enfermedades crónicas como las cardiovasculares, siendo los resultados mejor respaldados los que asocian el consumo de estos alimentos y la mejora de la presión arterial. Por ello, suele recomendarse un aumento de su consumo a 5 raciones por día. Sin embargo, en un informe reciente basado en la Health Survey for England, se ha indicado que las verduras tienen un efecto beneficioso para la salud significativamente mayor que las frutas, notando de todas maneras un beneficio en el consumo de ambas. Estos mismos investigadores señalaron, además, que no se observaron beneficios significativos con el consumo de jugo de frutas y parecería ser que la fruta congelada o envasada (sin discriminación entre ambas) aumenta el riesgo de muerte en un 17% por porción.
Aún faltan estudios para establecer una mayor y más específica evidencia, pero los ya existentes apuntan claramente a una reducción continua del riesgo de enfermedades cardiovasculares con el aumento de consumo de frutas y verduras, preferentemente dado por el consumo de verduras.

¿Y los lácteos?

La información sobre los productos lácteos fue desarrollándose en los últimos años y muchas ideas sobre ellos han cambiado. En principio, fueron puestos bajo la mira en cuanto a su efecto en este tipo de enfermedades, ya que los mismos en su estado natural poseen un alto contenido de grasas saturadas y colesterol. Sin embargo, nuevos estudios lograron distinguir las grasas en saturadas e insaturadas, y llegaron a la conclusión de que algunas grasas consideradas previamente saludables podrían no serlo en realidad (como el caso de las grasas poliinsaturadas omega-6) o que algunas de las grasas consideradas perjudiciales podrían ser saludables, como fue el caso de las grasas saturadas procedentes de alimentos lácteos.
Los estudios más recientes enfocados en las enfermedades cardiovasculares concluyen  que el consumo de leche y productos lácteos con pocas grasas son beneficiosos para la presión arterial. Por lo que contribuyen a prevenir la hipertensión y, en consecuencia, reducen el riesgo de ACV y, potencialmente, otros eventos desencadenantes de enfermedades cardiovasculares.
Por otro lado, las investigaciones indican que la grasa de la leche y los alimentos lácteos ricos en grasa no contribuyen a producir obesidad ni tienen riesgo cardiometabólico, muestran que el consumo de lácteos ricos en grasa dentro de los patrones alimentarios habituales se asocia de manera inversa al riesgo de obesidad y de enfermedades cardiovasculares (esto se observó particularmente en un estudio con mujeres adolescentes de Europa). Asociaron también el consumo de lácteos con una menor adiposidad y mejor función cardiorrespiratoria tanto en mujeres como en varones. Inclusive hay autores que utilizan la última evidencia para recomendar el aumento de los productos lácteos con el objetivo de alcanzar una nutrición más completa y equilibrada, ya que el consumo diario de más de 3 raciones de productos lácteos se asocia a una mejor situación nutricional, una mejora de la salud ósea y una menor presión arterial y reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes mellitus tipo 2.

¿Y qué pasa con el colesterol?

Resulta imposible hablar de enfermedades cardiovasculares y no mencionar la relación que existe con el colesterol. En los últimos años, con el hallazgo de la microbiota intestinal, la investigación no tardó en buscar las relaciones que podían existir entre enfermedades cardiovasculares y la disbiosis intestinal.
Sabemos que el colesterol es vital para muchas de las funciones de nuestro organismo. Sin embargo, aumentos significativos en los niveles de colesterol se asocian con riesgo de trombosis y problemas del corazón.

Pero, ¿cómo hacemos para metabolizar el colesterol?¿Qué pasa en nuestro organismo para que ese colesterol se transforme en coprostanol? Hasta hace muy poco, sabíamos que una tercera parte del colesterol, que luego se convertirá en coprostanol, era sintetizado de manera endógena, es decir, que lo obtenemos de nuestro propio cuerpo, y que las dos terceras partes lo obtenemos mediante la alimentación. Te imaginarás quienes son aquellas que se encargan de hacer esta transformación… Sí! las bacterias que tenemos en la microbiota! Ellas se encargan de metabolizar el colesterol para que sea enviado a las membranas de nuestras células y cumpla sus funciones: metabolizar la Vitamina D, el calcio y los ácidos biliares.
La evidencia fue clara desde el principio de la investigación: las personas con alto colesterol presentan una disbiosis en la microbiota, pero ¿qué pasa con las personas que tienen valores normales de colesterol? Esta pregunta habilitó respuestas más que interesantes…


Vamos a intentar resumirlo lo más posible, ya que este tema nos apasiona. La cosa es así: cuando empezaron a estudiar esto, observaron que encontraban una gran preponderancia de Lactobacillus y Bifidobacterium entre los componentes principales de las heces de estos sujetos. Sabemos que estos son los dos grandes géneros de cepas bacterianas bajo los cuales subyacen una gran diversidad de especies de microorganismos.
Además, estudios in vitro observaron que la interacción de ciertas cepas de bacterias colaboran en la disminución del colesterol exógeno (el que obtenemos a partir de alimentos). Entre esas cepas bacterianas que tienen este efecto, encontramos: Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus delbrueckki subesp. Búlgaricus, l. Cassei, y l. Casseri.

Te contamos que las tres primeras cepas las podés encontrar en nuestro Kéfir!!

Es por todo esto, que te invitamos a consumir diariamente nuestros productos si tienes alguna de las condiciones que hemos ido nombrando como, por ejemplo, riesgo de enfermedades cardiovasculares, colesterol alto, obesidad, arteriosclerosis o alta presión arterial y nos comentes tu evolución.




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